Todo al medio. A partir de ahora todo será a la mitad. Mitad vos. Y yo, nada. Mientras vos mites y mites, yo nadaré y nadaré. Y así estaremos entre mitades y nadas. Mitad risa y mitad llanto. Y yo, nada. Rulitos al medio y Rulita sos vos. Y yo, nada. Entre mitad sol y mitad lluvia, será nublado. Todos y cada uno, serán nublados. Mitad día y medio-día será mitad del medio. Y yo, nada. Ni mitad de las mitades. Es que hace 804 noches que dormís apoyada entre mi hombro y mi cuello. Y te siento respirar y murmurar y patalear en esos veintecentímetrosquemedejasdelacama. Y la felicidad es exactamente cada minuto de cada hora de esas noches. Y en ese momento me siento tan viva. Y ahora me siento tan mitad muerta. Que es como decir en realidad que también estoy mitad viva. Pero no me aferro y de nuevo, nada. Mitad vacaciones, mitad cumpleaños y mitad años nuevos y navidades. Todo al medio. Y también todo al miedo. Si antes creía que el amor era tomar sopa con un tenedor, ahora es agarrarla...
El amoricidio es estar profundamente enamorado de algo que no tiene ninguna correspondencia real. Es algo así como amar desesperadamente y con las entrañas un pedazo de ladrillo o un canto rodado: no hay forma de satisfacerlo, es un amor frustrado desde el principio, un amor que no es ni podrá ser. El amoricidio es un amor suicidado desde antes de tirarse por la ventana. Un amor abortado desde antes de un espermatozoide en un óvulo. Un amor asesinado desde antes de la bala en el pecho. Es un amor muerto antes de nacer. El amoricidio es esa certeza de saber que para ese lado no pero aún así vas. Es esperar algo que nunca va a suceder pero que te genera esas ansias des-esperadas de esperar igual. Es el profundo e incontenible deseo de tomar un helado en pleno Alaska: es una contradicción en sí misma (además de una estupidez). El amoricidio ...